lunes, 18 de mayo de 2009
Instrucciones para hablar con la pared
Las sombras escuchan cuando no tienen nada más que hacer, si las encuentra uno distraídas o por ahí jugando con una pared, simplemente pasan de largo y uno se queda ahí solo mirando al vacío, esperando por una que se quede atrás y mire por el rabillo del ojo, se detenga y lo escuche hablar, hablar bajito eso sí, porque no les gusta el escándalo. Prefieren las conversaciones tranquilas de arte y política, y si a uno se le ocurre cambiar de tema, se queja de los precios o admira un nuevo modelo de automóvil, se difuminan, se van. Y uno se queda ahí como idiota, hablando solo de nuevo y esperando que pase otra distraída, una mirada hacia atrás.
domingo, 17 de mayo de 2009
Ana:
Hay un hedor que me sigue a todas partes, huele a vomito y puedo jurar que no lo he hecho.
Es la podredumbre de mi alma, de este cuerpo que ya no quiero, y lo vendo juro que lo vendo.
Creo que el problema radica en que aún no decido bien que es lo que deseo, o sí?
El problema no soy yo...eres tú, pero aún así te quiero, aún así te abrazo y te veo y me pareces hermosa cuando haces esa mueca de espanto que intenta ahuyentar todos esos kilos.
Y todos esos kilos.
Me dueles y te dejo golpearme como lluvia palpitante, me mojas en gritos que surgen por los poros en forma de sudor. Y lo único que queda cuando te vas en las mañanas son pequeños hematomas que dejas donde posas tus garras, te perdono, te entiendo, te dejo entrar y hacer tu desastre porque has sido mi amiga, mi confidente, toda mi vida.
Te veo en el espejo,
te vendo mi cuerpo,
te regalo mi vida.
Es la podredumbre de mi alma, de este cuerpo que ya no quiero, y lo vendo juro que lo vendo.
Creo que el problema radica en que aún no decido bien que es lo que deseo, o sí?
El problema no soy yo...eres tú, pero aún así te quiero, aún así te abrazo y te veo y me pareces hermosa cuando haces esa mueca de espanto que intenta ahuyentar todos esos kilos.
Y todos esos kilos.
Me dueles y te dejo golpearme como lluvia palpitante, me mojas en gritos que surgen por los poros en forma de sudor. Y lo único que queda cuando te vas en las mañanas son pequeños hematomas que dejas donde posas tus garras, te perdono, te entiendo, te dejo entrar y hacer tu desastre porque has sido mi amiga, mi confidente, toda mi vida.
Te veo en el espejo,
te vendo mi cuerpo,
te regalo mi vida.
martes, 5 de mayo de 2009
cara a cara
En el silencio es más fuerte su grito. Su grito que se divide en 47 ecos que se acuestan en la cama, que encajan sus uñas y se cuelgan de las paredes, rechinan los dientes, muerden el aire y lo hacen añicos. Si me asfixio es porque los escucho surgir desde adentro, como burbujas saliendo de un vaso y explotando en la superficie. Si no respiro es porque no tolero su grito agudo que enfría los colmillos y desgarran los musculos dejando sus garras marcadas en la piel.
Evito los espejos porque no quiero encontrarme con sus caras, con esas miradas desgastadas que penetran y contaminan la sangre, ni con las muecas que pellizcan el alma brotando como punzadas en el cuerpo. Esas muecas que se trepan por las piernas hasta llegar a las orejas y de ahí en adelante no sirve taparse los oídos, vienen desde adentro.
Evito los espejos porque no quiero encontrarme con sus caras, con esas miradas desgastadas que penetran y contaminan la sangre, ni con las muecas que pellizcan el alma brotando como punzadas en el cuerpo. Esas muecas que se trepan por las piernas hasta llegar a las orejas y de ahí en adelante no sirve taparse los oídos, vienen desde adentro.
lunes, 20 de abril de 2009
no soy
Yo no tengo una cámara artística, ni una visión fotógrafica de la vida a blanco y negro. Mi arte es simple, no existe. Mi talento consiste en resignarme. En existir. En absorber las partículas de aire y pintarlas en papel, en palabras arrítmicas. Pero no soy un pintor, mi trabajo consiste en aventarlas, reventarlas y dejar que desparramen su color cual sea su gusto. Yo no escribo palabras, ellas se escriben solas.
sábado, 28 de marzo de 2009
y otras tantas tonterías
Me pregunto ¿qué hago con mi vida? ¿qué soy? ¿qué somos? Las mismas preguntas que todos se hacen pero que nadie responde con algo más que no sea "tienes 19 años deja de pensar en tantas tonterías” pero yo no le veo lo tonto, sigo preguntando ¿a dónde vamos a seguir? Prefiero eso que preguntar ¿a dónde vamos a parar? de todos modos, me parece más productivo porque todos van a parar en un panteón con flores encima y yo voy a seguir aquí caminando sin dejar huellas. Ahora me pregunto qué pasa con este mundo que no tiene ni pies ni cabeza? E intento construirle una crítica que no tiene caso porque no sé ni quién soy, ni que estoy haciendo, ni sé porque siempre se me ocurre algo bueno cuando no tengo con que escribir a la mano, así que escribo en mi cabeza, intento guardarlo en mi memoria pero no se queda. Recuerdo cuando pregonaba que nunca iba a ser conformista y sin embargo me he inundado en la rutina, en lágrimas que ahogan cada hora entre las paredes y los gritos de mi madre. La melancolía de estar viva, la tristeza de existir y esta sombra que me sigue aún cuando no hay sol, melancolía que se alimenta de café, sexo y cigarros, todas fuentes de orgasmos, porque si no lo sabes, la melancolía se alimenta de orgasmos, de orgasmos improrrogables claro, improrrogables como cualquier día, como cualquier tarde, como este sol que desparece y deja en su lugar otra luna mientras que yo me cambio de banca y me cambio de nuevo, y voy saltando de banca en banca de acorde el sol gira en el horizonte, porque eso hago en mi tiempo libre: saltar soles; y de repente se va y me lanzo detrás de él, entonces la imagen de una niña corriendo sosteniendo a Julio de la mano y una idea en la cabeza, como un sombrero con flores que se multiplican y ahora se derraman y se para a recogerlas para seguir corriendo y la genta la mira, no sabe si echarse a reír o correr con ella. Yo sigo persiguiéndolo y no lo alcanzo, entonces se me caen todas las ideas de la mano como flores del último verano de una vida sin vida. Porque por más que lo pienso solo la entiendo vacía, aunque intente sentir algo más que esta decadencia mis pies ya no dejan huella y la gente la mira y ya no saben si echarse a llorar o correr con ella.
jueves, 19 de marzo de 2009
Desorden
Son ráfagas de cotidianeidad que pegan fuerte, golpean primero en las rodillas como probando los reflejos y cuando te encuentras sobre el piso proceden a destriparte de tajo. Desde el colchón el mundo tiene una horizontalidad alfombrada y rugosa, la ropa está tirada en el piso, siempre me ha recordado a mí misma: de varios colores, arrugada y quietecita, esperando por ser acomodada, organizada por forma y tamaño, clasificada y encerrada. Ahí estamos la ropa y yo inmóviles, entonces aparecen los libros: abiertos, cerrados, regados por todas partes, de todos los tamaños. Hacen fila de uno en uno para golpear mi conciencia y ver si se pierde, si en una de esas se asusta y se va corriendo. Pero ahí sigue mi ser inerte, la cabeza en el colchón y la horizontalidad de una tarde sin lluvia, en la que cualquier otra persona podría ser feliz. Yo no. Yo no, porque la ropa está tirada y los libros de uno en uno van golpeando mi cabeza… así no se puede..
Minutos
Hay luces que mitigan el alma mientras que los relojes la miden, ahora vale 24 minutos y tú te vas porque te resulta muy caro quedarte a charlar conmigo. Lo llamamos depresión por ponerle un nombre a este estado de inactividad y falta de pasión, pero no es depresión, es identidad, es existencia. Es la devaluación de mi alma tirada en la cama junto a las almohadas que me abrazan en tu lugar. 25 minutos. Es la crisis económica me dices, y yo entiendo, me callo y me enrollo en las sábanas, no quiero hablar al respecto. 25 minutos que no estás dispuesto a gastar en verme llorar porque te parece una pérdida de tiempo y me pregunto, esperando que respondas por mí y no llega porque ahora vale 26 y se incrementa más rápido de lo que ninguno de los dos podemos costear, crece a cada segundo, ahora mide 26 y medio, imagínate. Pero eventualmente llega a 60 y vuelve a 0 y entonces me quieres de nuevo, con una sonrisa en mi rostro, pretendemos que la vida va bien, que no pasó nada, que me amas incondicionalmente y sólo un poco más cuando empieza la mañana o cuando termina la noche. Pero no hace falta que digamos nada porque ahora mide 10 minutos y ya te parece demasiado ancha, entonces no me queda nada más que hacer que regresar y consolar al alma que se quedó en la cama enrollada en las sábanas y quitar de una en una las almohadas que se burlan calladas para hacerme espacio y abrazarla, ahora mide 12 minutos y tú me dices que engordé. 13, 14,15 y 16. Para cuando llega a 20 ya no me quieres.
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